Besos por celular

“Besos por celular”
(Divididos, Spaguetti del rock)

Una de las tendencias motrices de la gran transición que traquetea al mundo, es la movilidad en expansión: la humanidad se encamina hacia la sociedad nómada. El equipo terminal de usuario de comunicación móvil es el emblema de la cultura keitai (vocablo japonés para todo lo relacionado con el teléfono celular). La movilidad keitai cambia los modos de vida, las necesidades, las ambiciones y los sueños de la persona, especialmente de la generación del milenio. Nuevos objetos perturban su ritmo de vida y sus relaciones con la cultura, con el saber, con la familia, con la patria, con el mundo. Y sobre todo consigo mismo. Lo convierten en un ser diferente.

El adulto joven no es, claro está, el nómada de las primeras sociedades del orden de lo sagrado, errando de pozo en pozo a la busca de agua para sobrevivir. Sino el nómada libre, cubierto de bienes e incluso de riquezas. La persona siempre ha poseído objetos nómadas, instrumentos esenciales para su supervivencia: el fuego para los grupos errantes, los amuletos para los aborígenes, las armas para los hombres de los imperios, la moneda y la letra de cambio para el comerciante. Si el nomadismo crece es necesariamente porque los objetos que se poseen o se desean son portátiles: el minitelevisor, el walkman, el reproductor de discos compactos o la computadora de mano. Son equipos cada vez menos pesados y engorrosos, movibles, portadores de saber, medios de comunicarse, están por todas partes y cumplen mil servicios. Engendran nuevas relaciones en la ciudad y en el campo, en el colegio y el la familia, en la vida y en la muerte: transformarán el modo de vida del siglo XXI más radicalmente aún que el automóvil y la televisión lo hicieron en la centuria anterior.

El teléfono fijo hizo su ingreso a fines del siglo XIX y en cincuenta años ya se había masificado. En la actualidad contamos con los teléfonos celulares que no solamente nos permiten comunicarnos telefónicamente sino a través del sistema SMS (servicio de mensajería corta) y MMS (servicio de mensajería multimedios).

Las tecnologías avanzan y al final son los usuarios los que orientan su rumbo y las hacen suyas. Ese proceso de transformaciones culturales mediadas por tecnologías móviles es la que se llama revolución keitai. Estamos en el punto de inflexión entre el régimen limitado al escritorio de los PCs y el necesariamente más fluido y etéreo de la movilidad.

Partiendo de Japón, las operadoras asiáticas han ido generando contexto en el que se fundía entretenimiento y movilidad y por tanto favoreciendo la socialización y apropiación dentro de la cultura popular de las tecnologías móviles. Toda la industria tecnológica, empezando por Gates, tiene la vista puesta en la revolución keitai, el desarrollo masivo de una nueva generación de móviles que tomarán el lugar de muchas de las funciones que hoy satisfacen los ordenadores personales. En el mundo esta revolución y el sofware libre tienden a converger en un modelo no sólo tecnológico sino social.

Estas nuevas tecnologías han cambiado fenómenos sociales, que habían persistido durante siglos, en muy poco tiempo. En la sociedad urbana actual ya se ha casi reemplazado el acto de la escritura manual en la correspondencia por el uso cada vez más generalizado del correo electrónico a través de internet.

Pero hay un fenómeno más llamativo que es el del chat y los mensajes de texto ya que en ambos existe una comunicación inmediata entre dos o más personas. Hasta no hace muchos años atrás la inmediatez en una conversación tenía lugar solamente en situaciones cara a cara en donde “mi aquí y ahora y (el del otro) gravitan continuamente uno sobre otra en tanto dure la situación” (Berger y Luckmann). La subjetividad del otro se encuentra más próxima, el otro es completamente real. Aunque estas nuevas comunicaciones son inmediatas, se mantiene aquello que ocurre en el caso de la correspondencia en la que carezco de la presencia real de la experiencia del otro. “Puedo interpretar erróneamente los significados del otro aún en la situación “cara a cara”, ya que es posible que el otro oculte “hipócritamente” sus significados… tanto la interpretación errónea como la “hipocresía” son mucho más difíciles de mantener en la interacción “cara a cara” que en las formas menos cercanas de las relaciones sociales” (Berger y Luckmann).

Entonces podemos encuadrar estas nuevas tecnologías en situaciones menos cercanas y que en la interacción social son más anónimas ya que se alejan de la situación cara a cara.

Circunscribiéndonos a los mensajes de texto serían entonces situaciones más anónimas en las que es más fácil ocultar cierta subjetividad escudándonos en la falta de interacción directa con los otros, en la ausencia gestual, careceríamos de los “índices” que nos son proporcionados por la situación cara a cara.

“La realidad de la vida cotidiana no solo está llena de objetivaciones sino que es posible únicamente por ellas” y “un caso especial de objetivación es la significación, o sea, la producción humana de signos.

Un signo puede distinguirse de otras objetivaciones por su intención explícita de servir como indicio de significados subjetivos” (Berger y Luckmann). Dentro del sistema de signos el más importante es el lenguaje y su comprensión es “esencial para cualquier comprensión de la realidad de la vida cotidiana” (Berger y Luckmann). Ahora bien, en esta nueva forma de comunicación a través de SMS, el lenguaje utilizado convencionalmente se ve modificado de manera sustancial por abreviaturas y por una gran cantidad de nuevas simbolizaciones. Incluso los nuevos teléfonos celulares poseen los llamados emoticones, por ejemplo: : – ( (significa tristeza), ; – / (significa guiño) en el que se incluiría el índice gestual faltante en estas nuevas comunicaciones inmediatas mediadas. Se está creando así un nuevo lenguaje a partir de las generaciones más jóvenes que se apropian de signos pre-existentes y les atribuyen nuevos significados.


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